Bravo

Bravo,
permíteme aplaudir
por la forma de herir
mis sentimientos.

Bravo,
te vuelvo a repetir
por tus falsos e infames
juramentos.

Todo aquello que sentí
en nuestra intimidad,
tan bello,
quién me iba a decir
que lo habrías de volcar
en sentimientos.

Te odio tanto
que yo mismo me espanto
de mi forma de odiar,
deseo que
después que te mueras
no haya para ti un lugar.

El infierno resulta un cielo
comparado con tu alma,
y que Dios me perdone
por desear que ni muerta
tengas calma.

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